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Garrapata bovina: el desafío sanitario que redefine la estrategia ganadera

La garrapata común del bovino vuelve al centro del debate sanitario. En el marco del 13 Congreso Ganadero de Rosario, el especialista del INTA Rafaela, Santiago Nava, anticipa un enfoque integral frente a un problema que combina impacto productivo, resistencias crecientes y desafíos comerciales.

 

El 11 de junio, la ciudad de Rosario concentrará la atención del sector con una nueva edición del Congreso Ganadero, un espacio orientado a analizar la coyuntura y, al mismo tiempo, ofrecer herramientas concretas para el productor. 

 

Con una agenda intensiva de jornada completa, el evento —organizado por la Sociedad Rural de Rosario— buscará combinar diagnóstico y soluciones. 

 

La sanidad, un factor decisivo

 

Dentro de ese mapa de desafíos, la sanidad ocupa un lugar central. En ese marco, la garrapata común del bovino, Rhipicephalus (Boophilus) microplus, emerge como una de las principales limitantes productivas en amplias regiones del país.

 

El Dr. Santiago Nava, especialista del INTA Rafaela, será uno de los disertantes encargados de abordar esta problemática. Su exposición pondrá el foco en la epidemiología y el control de un parásito que impacta tanto por sus efectos directos como por su rol como vector de enfermedades.

 

Una amenaza persistente para la producción

 

La garrapata no solo provoca inmunosupresión, anemia y menor ganancia de peso en los animales, sino que además favorece la aparición de miasis y compromete la calidad de los cueros. A esto se suma su papel en la transmisión del complejo de la tristeza bovina —babesiosis y anaplasmosis—, enfermedades de alta letalidad y fuerte impacto económico.

 

“Es un parásito clave por su doble efecto: el daño directo y su capacidad de transmitir enfermedades”, explica Nava, quien remarca la necesidad de abordajes más sofisticados.

 

Uno de los ejes centrales de la presentación será el análisis de los factores que determinan la presencia y dispersión del parásito. Variables como el clima, el movimiento de hacienda y las características de cada sistema productivo configuran un escenario dinámico.

 

“No hay recetas universales: el control debe adaptarse a cada establecimiento”, advierte el especialista, subrayando la importancia de comprender la bioecología de la garrapata.

 

El límite del control químico

 

El uso de acaricidas sintéticos sigue siendo la principal herramienta disponible. Existen distintos grupos químicos aprobados —piretroides, amidinas, organofosforados, lactonas macrocíclicas e isoxazolinas— que han permitido sostener el control en distintas regiones.

 

Sin embargo, la aparición y expansión de resistencias múltiples reduce su eficacia. A esto se suma la problemática de los residuos en carne y leche, que puede afectar la inserción en mercados internacionales.

 

Frente a estas limitaciones, Nava plantea avanzar hacia un control integrado que combine herramientas químicas con manejo productivo y genética bovina. El objetivo es optimizar el uso de los recursos disponibles y reducir la dependencia exclusiva de los tratamientos farmacológicos.

 

“La clave es integrar estrategias y adaptarlas a cada sistema”, sostiene. Esto implica planificar, monitorear y aplicar las intervenciones en los momentos adecuados.