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Raíces que cruzan el océano: entre Simplon y San Jerónimo Norte

En su tercera y segunda visita al país, respectivamente, Lukas Arnold y Urs Zenklusen recorren Santa Fe y otras provincias para reencontrarse con descendientes de familias suizas y reforzar una relación histórica que sigue vigente a través de generaciones.

 

San Jerónimo Norte volvió a convertirse en un punto de encuentro entre dos mundos unidos por la historia.

La visita de Lukas Arnold, ex docente en Suiza, y Urs Zenklusen, ex empleado bancario, no fue solo un viaje turístico: fue, sobre todo, una reafirmación de los lazos culturales y familiares que conectan a esta región santafesina con el cantón suizo del Valais.

Ambos llegaron a la Argentina con una agenda cargada de actividades que incluyó encuentros con asociaciones suizas de Santa Fe, Córdoba, Esperanza y Rafaela, además de reuniones y agasajos con descendientes de sus antepasados, en especial de la familia Zenklusen.

Pero detrás de cada encuentro formal, lo que se puso en juego fue algo más profundo: la continuidad de una identidad compartida.

Para Arnold, esta es su tercera visita al país, una experiencia que fue evolucionando con el tiempo.

Recordó que el primer contacto fuerte se remonta a 1991, cuando un grupo de argentinos visitó su hogar en Simplon. Desde entonces, el vínculo se sostuvo a través de los años con intercambios, visitas y correspondencia.

“Siempre mantuvimos el contacto. Después de jubilarme tuve más tiempo y ganas de viajar, y vine especialmente para reencontrarme con esas familias”, explicó. En sus viajes anteriores estuvo acompañado por su esposa e incluso por sus hijas, quienes también recorrieron el país y fortalecieron los vínculos con familiares y conocidos argentinos.

Un vínculo que se transmite de generación en generación

La historia de Arnold refleja un fenómeno que se repite en muchas familias de origen suizo: la relación con Argentina no es esporádica, sino sostenida en el tiempo.

Relató que a lo largo de los años recibió en su casa a numerosos visitantes de San Jerónimo Norte y la región, quienes viajaron a Suiza para conocer sus raíces.

“Han venido muchos: familias enteras, hijos, nietos. Algunos se quedaron meses para aprender el idioma o conocer la cultura”, señaló. Esa circulación constante de personas consolidó una red de afectos que trasciende la distancia geográfica.

En ese sentido, destacó que el idioma, las costumbres y hasta los relatos familiares funcionan como puentes entre ambos países. Incluso recordó cómo un contacto surgido a partir de una carta enviada desde Tacural permitió reconstruir lazos familiares a través de generaciones.

La mirada de quienes llegan por primera vez… o vuelven

Para Urs Zenklusen, en tanto, esta es su segunda visita a la Argentina, aunque su vínculo con el país viene de mucho antes. Confesó que su interés comenzó por el fútbol —con figuras como Diego Maradona y Lionel Messi—, pero con el tiempo se transformó en una conexión mucho más personal.

En 2014 viajó por primera vez para asistir a un casamiento en la zona de Rafaela, y desde entonces quedó marcado por la experiencia. “Siempre dije que iba a volver”, contó.

Este año decidió hacerlo junto a su amigo Arnold, motivado por la posibilidad de reencontrarse con personas que había conocido en su visita anterior.

Zenklusen destacó especialmente la calidez de los argentinos. “Son muy simpáticos, muy abiertos. No mantienen distancia como en Suiza, donde la gente es más fría. Acá la gente muestra lo que siente”, expresó.

Durante su estadía, ambos recorrieron distintas localidades y compartieron momentos con familias en San Jerónimo Norte, Rafaela, Córdoba y otras ciudades, donde fueron recibidos con hospitalidad y afecto.

Una hermandad que busca proyectarse

Más allá de las experiencias personales, la visita también reavivó una reflexión compartida: la necesidad de fortalecer los intercambios culturales entre ambas regiones, especialmente entre los jóvenes.

Arnold mencionó la relación de hermandad entre Brig (Brig-Glis) y San Jerónimo Norte, un vínculo institucional que existe desde hace años pero que, según consideró, podría profundizarse. “Sería bueno que haya más intercambios, que jóvenes de aquí puedan ir a Suiza y viceversa”, planteó.

Si bien reconoció que este tipo de iniciativas dependen de decisiones institucionales, remarcó que el interés y la base cultural están presentes.

Una experiencia que deja huella

Tras más de dos semanas en el país, ambos coincidieron en que la experiencia fue increíble.

Con una agenda que continuará en Santa Fe, Rosario y Buenos Aires antes de su regreso el 28 de marzo, se llevan no solo recuerdos, sino también la certeza de que los lazos entre Suiza y esta región de Argentina siguen vivos.

“Lo más importante es cómo te recibe la gente”, resumió Arnold. Y en esa frase se sintetiza el espíritu de un viaje que, más allá de los kilómetros, reafirma una historia común que continúa escribiéndose.