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Los Favoritos de Gross pasó por Esperanza

El reconocido pastelero nacido en la cabecera del departamento Las Colonias,  grabó en la ciudad una nueva edición de su programa. Allí recorrió la Panaderia La Alianza, El Jardín de la Cerveza, Vivero Yatay, Los Cuatro Ases, Chez Carolina y La Chacra.

Conductor de ciclos en televisión desde 1992 y colaborador de medios gráficos en todo el continente, además de haber publicado cuatro libros: La Pastelería sin secretos, el ABC de la pastelería; La Torta perfecta y Chocolate.

El reconocido pastelero Osvaldo Gross visitó Esperanza, el lugar donde nació y vivió hasta los 18 años. Allí grabó una nueva edición de su programa, donde realizó un recorrido por la Panaderia La Alianza, El Jardín de la Cerveza, Vivero Yatay, Los Cuatro Ases, Chez Carolina y La Chacra.

Si bien durante 20 años se dedicó a la geología química, hasta que su pasión por la repostería lo obligó a cambiar.

«Mi familia es del centro de Europa: abuelos austriacos, una madre medio piamontesa que hablaba en alemán y mi papá, austriaco. Pero todos hablaban alemán. ¡Una cosa más rara! Creo que ellos tenían ese espíritu, sentían que se habían venido para siempre
y entonces cortaron todo lazo familiar. Eso que los Gross en Austria son como los Fernández en España, un apellido muy común. Pero no, se cortó todo vínculo, no quedó nada», contó el año pasado en una nota a La Nación.

Pero no fue ni la leche, ni la manteca de su pueblo los que lo convencieron por la gastronomía . Cuando terminó el secundario, se fue a La Plata a estudiar Geología Química y en sus tiempos libres viajaba a la capital porteña para asistir al Teatro Colón a escuchar sinfonías y óperas. Esta pasión lo acompañó junto a la matemática, gracias a un docente que les ensañaba ecuaciones a través de la música clásica.

A la hora de estudiar, estaba entre dos cosas: la geología o las letras, todo un tema aparte, ya que en Esperanza le dieron un premio por ser el que más libros sacaba de la biblioteca. Se decidió por la primera, ya que su afán era poder tener la experiencia de viajar. Así fue como Osvaldo Gross, el señor maestro pastelero argentino, terminó dirigiendo las investigaciones en fabricaciones militares para el estudio de los yacimientos de minería nacional.

De las piedras a Mallmann

«Una mañana, leyendo la columna que María Adela Baldi escribía para este diario, se me ocurrió hacer un curso con él. Siempre digo que descubrí la cocina al revés, porque lo hice desde el punto de vista del glamour más que desde el punto de vista del sacrificio
y las veinte mil horas de tener que estar parado».

En ese momento, decidió seguir estudiando en la escuela de Alicia Berger. A partir de allí viajó a Europa, casi de mochilero, para ahorrar y tomar clases en las escuelas más importantes de pastelería de París. Sus escapadas le proveyeron el conocimiento de las
últimas tendencias de su metier.

De día trabajaba como jefe de investigaciones y de noche emplataba postres. «Estaba feliz en la cocina y de a poco empecé a meterme en la elaboración. Nadie entendía cómo durante mis francos viajaba para trabajar a un yacimiento en Catamarca», ríe Gross.

Así fue que durante 20 años se dedicó a la química, pero al final, con la falta de presupuesto para las investigaciones, terminó dejándolo para meterse en la cocina.

«En febrero del 92, unos meses antes de que abriera el hotel, comencé a trabajar en el Park Hyatt Buenos Aires, hoy Four Seasons y desde allí entonces no corté más. El Hyatt fue el golpe de gracia porque como tiene tantas sucursales en el mundo, pude hacer pasantías en el Grand Hyatt de Singapur, el Century Hyatt Tokio y el Regency Cologne Alemania», comenta sobre su gran comienzo.