Campo

La culpa de la situación de los tamberos

Las medidas que se toman contra las leyes del mercado, no muestran perjuicios evidentes en un principio. Pero, a la larga, siempre son perjudiciales.

 

Por Luis Eduardo Susmann

Este medio hizo referencia a un comunicado de la Rural de las Colonias (1). Es cierto lo que afirma ese comunicado sobre las políticas gubernamentales. Pero sería injusto que nos olvidemos de un empresario del propio Departamento Las Colonias, que tuvo un rol fundamental en la gestación de los derechos de exportación aplicados al sector lechero. Me refiero a Federico Eberhardt, quien, en 2002, siendo Gerente General de Milkaut, promovió la conformación de un grupo de empresarios de la industria láctea para visitar en Buenos Aires a políticos del entorno del ex presidente Néstor Kirchner, y convencerlos de los beneficios que traería para la mesa de los argentinos la aplicación de retenciones a los lácteos. 

La gran devaluación del peso en aquel tiempo, había creado ventajas para las empresas lácteas con mayor cantidad y calidad (productos con mayor valor agregado) de exportaciones. Entre estas empresas más volcadas a la exportación había de las grandes, como SanCor y La Serenísima que exportaban quesos y mantecas dentro del Mrecosur; y PyMEs, como La Salamandra, cuyo dulce de leche se vendía en los prestigiosos almacenes Harrods de Londres.

A esas empresas, que se habían esforzado por desarrollar mercados externos, la devaluación les permitía ganancias extras que podrían trasladar al precio que pagaban por la leche a los productores. Así conseguirían más materia prima para exportarlas transformadas en manteca, quesos, etc., y obtendrían aún mayores rentas. Se crearía un círculo virtuoso de crecimiento económico (+exportaciones = + precio por la leche de los productores = + inversiones = + exportaciones).

Por el contrario, las empresas que no exportaban, o sólo exportaban comodities (productos que se venden a granel y sin marca) como la leche en polvo, se enfrentaban al desafío (¿oportunidad?) de buscar mercados externos, o perder volumen de negocios frente a las empresas exportadoras, porque no podrían pagarles lo mismo a los tamberos. Eso, si se hubiesen respetado las leyes del mercado. Pero siempre un empresario perezoso puede desafiar, al menos transitoriamente, las reglas del mercado, por medio de prebendas que obtienen de algunos políticos.

Hasta ese momento el gobierno peronista no había tratado de frenar las exportaciones del sector lácteo. Las retenciones a las exportaciones de estos productos no podían justificarse con el argumento de proteger a la industria, como se hizo para granos y cereales, porque los productos lácteos también les agregan valor a esas materias primas. Eberhardt, simplemente explicó que, si los precios que se pagan a los productores en los tambos sube, también lo harían los que paga el consumidor argentino en el supermercado. Allí surgió el falaz argumento de “defender la mesa de los argentinos”.

Esta mesa no se defiende perjudicando a quienes producen, sino creando riquezas a través del trabajo digno. Sin producción no hay trabajo. Sin trabajo no se crean riquezas y sólo se puede vivir de dádivas. Las dádivas (con suerte) alcanzan para una alimentación mínima (pero crean clientelismo político, lo que no es desdeñado por algunos dirigentes).

En el mundo, cada vez que se quiere sancionar a un país, se lo bloquea económicamente cerrándole los mercados externos. Es el caso de las sanciones contra Irán, Myanmar, Cuba, Venezuela, y actualmente a Rusia. La Argentina no necesita que la sancionen otros países, lo hicieron quienes nos gobiernan y empresarios prebendarios. Ellos son los culpables de la decadencia de la industria láctea, así como del empobrecimiento nacional. Están dentro del país, de la provincia, e incluso del Departamento Las Colonias.

Obviamente, aquel acuerdo entre empresarios y políticos, como todos los pactos espurios, no fue publicitado. Como siempre con este tipo de medidas, se dijo que sería “temporaria”, y que lo que se recaudaría sería administrado por el Estado para promover el desarrollo de la lechería (algo así como proponer que el lobo cuide a las ovejas). Los industriales que participaron en la reunión junto a Eberhardt, acordaron que no avalarían, pero tampoco se opondrían públicamente a la medida, la que sería anunciada por el gobierno. Los tamberos quedaron solos. Traicionados.

Fui testigo privilegiado de los hechos a pesar de que en esa época estaba trabajando en Turquía. Estaba de vacaciones, en Buenos Aires, próximo a tomarme el vuelo de regreso a Ankara. Federico Eberhardt, quien por ese entonces era mi socio en un tambo familiar, también estaba en la capital. Al encontramos le pregunté qué hacía ahí. Me comentó que venía de participar en una reunión con autoridades: “te parecerá una locura, pero les pedimos que nos pongan retenciones”, me dijo. “Sí. Me parece una locura”, le respondí. Supongo que, si tiene conciencia, ahora me dará la razón.

Las medidas que se toman contra las leyes del mercado, no muestran perjuicios evidentes en un principio. Pero, a la larga, siempre son perjudiciales. El mercado hará ajustes por precio, por cantidad o ambas variables. En el caso de la producción láctea fue esto último. La cantidad (producción) se estancó y los precios cayeron para la materia prima. El abastecimiento de la mesa de los argentinos obviamente está peor, porque se produce lo mismo para mayor número de habitantes, la industria en general está mal, y el Estado sólo puede financiar el gasto imprimiendo billetes, con inflación. El periodista Alejandro Sammartino había anticipado en marzo de 2003 que, con las retenciones al Sector Lácteo, perderíamos todos (2). Lamentablemente, quienes dicen la verdad, no siempre son escuchados.

(1)https://www.cronistalascolonias.com.ar/?p=86658

(2)https://www.lanacion.com.ar/economia/campo/retenciones-un-golpe-bajo-al-sector-lacteo-nid477166/