Trigo 2026/27: buen clima, pero con márgenes bajo presión
El inicio de la campaña triguera 2026/27 en la Argentina presenta un escenario dual que combina condiciones climáticas altamente favorables con un contexto económico que genera cautela entre los productores. Así lo refleja el último relevamiento de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, que advierte sobre una “dicotomía” en los factores que definirán la intención de siembra.
Por un lado, la excelente recarga hídrica de los suelos en gran parte del área agrícola, producto de las lluvias recientes, y la posible llegada de un evento El Niño desde el invierno, generan expectativas positivas. Muchos productores proyectan un “año triguero” si las condiciones de humedad se sostienen durante el otoño.
Sin embargo, este optimismo climático encuentra un límite en el plano económico. El aumento de los costos de producción, especialmente en fertilizantes como la urea, y una relación insumo-producto menos favorable, plantean dudas sobre la rentabilidad del cultivo. En este contexto, la decisión de siembra ya no depende exclusivamente de la disponibilidad de agua, sino también de la capacidad de sostener márgenes positivos.
Superficie en leve retroceso y decisiones más selectivas
De acuerdo con las proyecciones, la superficie sembrada de trigo alcanzaría las 6,5 millones de hectáreas a nivel nacional, lo que representa una caída interanual del 3%. No obstante, el área se mantiene por encima del promedio de las últimas cinco campañas, lo que evidencia que el cereal sigue ocupando un lugar relevante dentro de los esquemas productivos.
El análisis regional muestra comportamientos dispares. En el norte del país (NOA y NEA), la intención de siembra es positiva, impulsada casi exclusivamente por la abundante humedad. En estas regiones, incluso se evalúa expandir el área si las condiciones se mantienen, aunque persisten dudas ligadas a precios y disponibilidad de insumos.
En el centro-oeste, particularmente en Córdoba, se observa una tendencia de mantenimiento, aunque con ajustes en el nivel tecnológico. El alto costo de los fertilizantes podría derivar en planteos más conservadores o en la incorporación de cultivos alternativos como colza o camelina.
En contraste, las regiones núcleo y el sur del área agrícola muestran una tendencia a la baja. Allí, el impacto de los costos es más evidente, lo que impulsa a los productores a reemplazar trigo por otras opciones de invierno, como cebada o carinata, o incluso a pasar directamente a soja de primera.
Clima favorable, pero con riesgos en la implantación
Desde el punto de vista climático, la campaña estará marcada por una transición hacia condiciones de “El Niño”. Durante el otoño, se prevé un escenario de neutralidad cálida con resabios de “La Niña”, lo que podría implicar algunas limitaciones hídricas puntuales y descensos térmicos en la región pampeana.
A medida que avance el ciclo, el panorama tendería a mejorar. En invierno, las precipitaciones se ubicarían cerca de los valores normales y las heladas serían menos intensas. Para la primavera, se espera un régimen de lluvias superior al promedio, lo que favorecería el llenado de grano y consolidaría el potencial productivo.
En síntesis, el cultivo atravesaría una etapa inicial con ciertos riesgos de implantación, pero evolucionaría hacia condiciones óptimas en la fase crítica de definición de rendimiento.
Un mercado global volátil y márgenes ajustados
El contexto internacional agrega otro factor de incertidumbre. Los mercados de granos atraviesan una etapa de volatilidad, influenciados por tensiones geopolíticas y cambios en las políticas comerciales. Si bien los precios del trigo muestran cierta recuperación —con valores en torno a los 226 dólares por tonelada en el mercado internacional—, el escenario global presenta una oferta holgada.
Según estimaciones del USDA, la producción mundial alcanzaría niveles récord, con un incremento significativo en los stocks finales. Este equilibrio entre oferta y demanda tiende a moderar los precios y limita las perspectivas de mejoras sustanciales en el corto plazo.
A nivel local, el precio del trigo a cosecha ronda los 217 dólares por tonelada, con una leve mejora interanual. Sin embargo, el fuerte aumento de los costos —con subas del 36% en la urea y del 25% en el gasoil— deteriora la rentabilidad. En términos relativos, hoy se necesita una mayor cantidad de trigo para adquirir insumos clave, lo que condiciona la inversión tecnológica.
Entre el potencial productivo y la prudencia económica
En este contexto, la campaña 2026/27 se perfila con un alto potencial productivo desde lo climático, pero atravesada por decisiones cada vez más ajustadas desde lo económico. La evolución de los precios, los costos y los rindes será determinante para definir el resultado final.
Mientras tanto, el desafío para el sector pasa por encontrar un equilibrio entre aprovechar las condiciones favorables del ambiente y gestionar los riesgos de un escenario económico más exigente, en un mercado global que sigue mostrando señales de incertidumbre.